¡Somos tan distintos!

OPINIÓN 11/07/2021 Por Martín Porcilio
Las imágenes hablan por sí solas. Lo lamentable es que este tipo de acciones son respaldadas con enormes presupuestos
Diseño sin título

Nadie quita el mérito que logró la selección Argentina de fútbol, ayer, al consagrarse campeón de la Copa América de Fútbol. Lo lamentable son las imágenes que transmite el arquero argentino no solo al mundo sino también (y que es peor) a los pequeños niños y niñas que practican fútbol.

Digo “lamentable” porque, en un deporte tan masivo como es el fútbol, esas imágenes recorren el mundo entero y en ellas tanto la camiseta, como la organización que respalda a la selección Argentina de fútbol, son las que transmiten ese “meta mensaje” que, a mi entender, no es para nada bueno.

Hoy, las redes sociales, están inundadas de flyers que celebran el triunfo argentino. Si vamos a lo profundo, y lo vi personalmente esta mañana, el “meta mensaje” del arquero argentino llegó y ya se instaló.

Lamentablemente pude ver cómo un nene, al realizar un gol y celebrarlo para la tribuna, realizó el mismo (y repudiable) gesto que hizo el arquero “Dibu Martínez”

Desde mi punto de vista no son buenas estas imágenes porque, en la esencia misma del deporte y a mi humilde entender, no está en esta actividad el espíritu de “copularse” al rival. El deporte no es burla, no es trampa, no se trata de quien es el “más canchero” ni el más “vivo”.

El deporte es lo que nos hace sentir, sentir que estamos vivos y que, a pesar de los buenos o malos resultados, debemos seguir día a día.

Me pregunto: ¿Qué sentimientos sembrarán estos gestos en la mente de los niños que practican fútbol en esos países? Estoy seguro de que estas imágenes solo generarán odio y revancha, sentimientos nada más alejados de lo que es la esencia misma del deporte.

Y me pregunto: ¿Los gestos que el arquero argentino hizo ante Colombia, en semi finales, y con la Copa misma al momento de la coronación, ¿los hace en el Aston Vila?. Que yo sepa no.

Tuve la oportunidad de entrevistar, hace unos días, a Jacinto Cipriota quien es nada más ni nada menos que el presidente de la Confederación Argentina de Sóftbol. La CAS es la organización rectora del sóftbol argentino y quien comanda el timón de los seleccionados nacionales de este deporte y uno de esos seleccionados, el masculino mayor, es actual campeón del mundo.

Cuando le pregunté cómo Argentina llegó a lo más alto del sóftbol mundial, su respuesta (a modo de síntesis) fue contundente: “Esfuerzo, trabajo en equipo, austeridad, disciplina, competir respetuosamente e incluir a todo aquel que se pueda y apuntar siempre a más”

¿Clarito, conciso y ejemplar el mensaje que dio el 1° del sóftbol argentino o no?

No voy a abordar los aspectos técnicos y deportivos que llevaron al seleccionado nacional masculino mayor a subirse al escalón más alto del sóftbol mundial. Lo que sí puedo afirmar y contar es lo que vi y viví con (parte de ese equipo) durante su visita a Luján de Cuyo.

Bruno Motroni es considerado, en la actualidad, el mejor jugador del mundo. La primera vez que lo vi en mi vida fue cuando visitó la cancha de Luján Softbol (Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina).

Este hombre, y su equipo Patronato, llegaron caminando al Polideportivo Municipal de Luján de Cuyo, se formaron en fila y saludaron uno por uno a los pequeños jugadores y jugadoras de uno de los clubes más chicos de Argentina.

Venían por unos minutos (dado que tenían una agenda muy apretada) pero se quedaron por más de dos horas ya que se les ocurrió (a Motroni y compañía) jugar un mini partido con esos pequeños.

Mamás y papás me contaron, días posteriores, que sus hijos o hijas durmieron abrazados a las gorras, guantes, pelotas y camisetas que firmaron estos enormes jugadores.

Luego, durante la gira por México y Estados Unidos que realizó la selección Argentina de sóftbol, las mismas mamás y papás me contaron que, gracias a internet y las transmisiones, sus hijos miraban los partidos y de inmediato decían: “Bruno se paró así para batear” o “Peque corrió así las bases” y también “Montero los alentó así cuando íbamos perdiendo”.

¿Se dan cuenta lo que digo?

Los más pequeños dominan los teléfonos móviles como nadie. Saben cómo encontrar a quienes ellos consideran sus ídolos y son “esponjas” que absorben absolutamente “todo”.

Mi pregunta es: Si su ídolo deportivo hace gestos obscenos en una cancha y en la cara a un rival, ¿es probable que lo repliquen en su canchita, en un torneo local y ante un rival de su misma liga? Creo, lamentablemente, que la respuesta es sí.

Como conclusión puedo decir que lucir la camiseta del seleccionado nacional, sea del deporte que sea y como dijo el personaje de Peter Parker (en la película Spiderman) es " un gran poder que conlleva una gran responsabilidad".

Espero y deseo que este tipo de gestos no se repitan y que se replique, en el deporte argentino, el modelo de humildad, austeridad, dedicación, esfuerzo y por sobre todo “dar el ejemplo” que brinda (siempre) el seleccionado argentino masculino mayor de sóftbol, el único que hoy por hoy trajo una copa del mundo a nuestro país en los últimos años.

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